Imaginense a Jaime, un pequeño niño, que por azares del destino despertó en medio de una película de ciencia ficción, viaja junto con otros tantos en una nave espacial a miles de años luz de cualquier destino conocido. Perdidos.
Es una nave enorme, una nave de carga llena de compartimentos, de salas especiales, de bodegas, exclusas, motores, estabilizadores, computadoras y armas. Lo que es limitado son los víveres, el aire y sobre todo la energía.