Recien hacía dos horas había estado platicando con él. Le había estado comentando acerca de la precaria situación del vehículo, y no era queja, era simplemente el deseo de contarle algo, de buscar plática, solo quería estar con el y ver sus ojos, observar sus labios, y escuchar su voz.
Y asi el Atos Perverso fue destrozado verbalmente, listando cada uno de los achaques que ahora padecía, pero sobretodo haciendo incapie en la falta de líquido de frenos, el indicador en el tablero estaba encendido el 90% del tiempo. Además recién había sido victima de una llanta ponchada, curiosamente cinco días antes de ello habíamos notado la desaparición de la refacción. La ley de Murphy al ataque.
Diez minutos después de esa plática estaba saliendo del restaurant, caminando decidido, como si nada me pudiera detener, llegué al frente del auto y respiré profundo. Saqué las llaves de mi bolsillo y abrí el auto, me senté y estuve 10 minutos en silencio, sentado con la vista al frente, los fijos en una pared blanca. En mi mente todo era lo mismo... mis ojos mentales apartados hacía un espacio en blanco, ignorando la chispa que amenazaba con hacer explotar mi pólvora interna. Sentí el deseo de un desarmador... el ácido sabor de la naranja con alcohol... tal vez unos cuantos. Pero al final la cuestión económica tenía un papel secundario pero significativo en la presencia de esa chispa...
Entonces empecé a apretar el volante con las manos. Las mandíbulas parecían querer fundirse en una sola pieza, la sangre empezaba a calentarse. Analicé la situación, me sentía ... mis nudillos... la innegable naturaleza masculina salia a flote... el instinto . Maldición. Me mordí fuertemente la mano ( un dedo de la mano ) en reprimenda a mi mismo.
Un poco después conducia por la insurgentes, rebasando a quien se podía, haciendo que la sensación se desgastara junto con la gasolina, el caucho y el asfalto. Otro poco más y estaba en el boulevard, rebasando autos en curvas, compitiendo un poco con otros tantos, acelerando tanto como Perverso me lo permitia, perdiendo el control, literalmente...
A final de cuentas mientras apretaba la mandíbula y el volante, por un momento me puse a pensar en la suerte que tenía, de que en todas esas veces que corriendo, escuchando "música de locos"(como solia decirle Felipe), jamás me había detenido la policia. Suerte.
Y en esta ocasión, a pesar de todo, no se me revento la llanta, ni me fallaron los frenos... ni me estrelle.
Suerte
2 comentarios:
ahhh...
no entendi
Conducir tiene muchos efectos en mi, es la solución a muchos cosas, me permite sacar las frustraciones, me permite competir en desventaja y aún asi ganar (pues muchos no se atreven a arriesgarse).
A final de cuentas mi querida Succubi, termino siendo a male (me gusta competir, me gusta ganar, me gusta la adrenalina, me gusta sentirme vivo poniendo en peligro la integridad física [conduciendo al menos]).
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