Empecé el viaje a principio de mes, era el octavo peregrino. Invisible, pues ellos no sabían que viajaba a su lado, y que me enteraba al igual que los demás de sus historias. Que escuchaba, con atención, tratando de entender de que se trataba ese viaje. La cuestión era llegar a un planeta llamado Hyperion, y después de ahi llegar a un lugar llamado Las Tumbas del tiempo, encontrarnos con el misterioso y mortal Alcaudón.
Misterios han sido develados e incógnitas han sido planteadas durante el viaje, y no ha estado excento de sorpresas.
Hace cuatro días terminé el libro de Hyperion, la verdad es que asi como causa emoción causa miedo. Porque te hace ver que como todo, esa historia tendrá un final, que continúa en no uno sino tres libros más, pero en algún momento esos se acabaran también. Y sentiré quizá lo que sentí cuando la Torre Oscura de Stephen King llego a su fin. Esa sensación de pérdida cuando cierras el libro y te das cuenta que después de eso, no queda más que lo que tu mismo puedas imaginar, pero por más imaginación que poseas, por más que te apegues al mito, no es igual. Nunca será igual.
Ansiedad es lo que sientes cuando tienes que interrumpir la lectura... ansiedad combinada con miedo cuando las paginas que quedan empiezan a ser un fajo delgado. Aún no llego a estar en esa situación con La Caida de Hyperion, pero ya voy por la primera tercera parte de él.
Y así como antes estuve en compañía de Elfos, Enanos y Hobbits; como antes fui un pistolero viajando con el Ka-tet de Roland Deschain; al igual que acompañé a Lestat en la última aventura que el destino le planteaba con Quin y su peliroja amante, así seguiré con esta historia, y al final, regresaré al papel de peregrino, y visitaré otro mundo, viajaré una vez más.
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