La cocina de mi abuela no era muy grande, pero el amontonomiento de cosas no ayudaba a la sensación de claustrofobia, aunque quiza exagero un poco, el punto es que la luz intensa me mareaba un poco. Mi madre lavaba los trastos del almuerzo, y platicaba con la abuela que probaba el arroz con una cuchara de madera.
Yo veia con nostalgia un par de magnetos del frigorífico, recordando cuando había toda una colección de personajes de Disney pegados. Mi sobrina pregunto si faltaba mucho para que estuviera listo el arroz con leche, habiamos estado todo el día andando por el centro de la ciudad y estabamos famélicos, cenar era urgente. La abuela se había sentado junto con mi sobrina a pelar frijol tierno fuera de sus vainas. Las rosas que estan en la mesa tienen un olor fuerte, por alguna razón me hacen pensar en fresas. Lo curioso de esas rosas es que han estado creciendo por si mismas, al fondo del patio de la casa, mi abuela jura que nunca las cultivó.
Tuve esa sensación que he tenido muchas veces, de estar viendo algo fuera de lugar, me preguntaba en que momento mi sobrina, Sandra, había crecido tanto, ahora era una chica de 15 años. Igual de fuera de lugar sentía mi edad, pero todo eso dejo de importar en el momento en que tuve esa sensación de mareo mas intensa... de nuevo pensé que sería la luz, pero no... esto era un poco anormal, los cabellos de la nuca y los brazos se me erizarón y todos nos detuvimos de nuestros pensamientos y actividades. Me di cuenta que lo estaba teniendo era un mal presentimiento, quizá...
Sonó la campana de la entrada, siempre me había parecido de lo más extraño, una campana en vez de timbre. La abuela se dispuso a levantarse, pero mi madre le puso una mano en el hombro y me pidio a mi que fuera a ver quien era. No me levanté y no era un acto de rebeldia ni nada parecido, me sentía atado a la silla, mis ojos revelaban miedo. La abuela dijo "dejalo, están cansados, yo voy a abrir".
Se levantó y recorrió el comedor, pero se detuvo en el pasillo de las habitaciones, se inclino al tiempo que gritaba "Van!", había encontrado la aguja de tejer que había perdido por la mañana. Fue en estos segundos que reaccioné, había algo mal con el visitante en puerta, la sensación era clara y francamente me inquietaba que mi madre y mi abuela no lo sintieran. Tomé el frasco de sal y corrí hacía la entrada, pasé junto a la abuela que recien entraba en la sala. "Niño!" le escuche decir al pasar junto a ella, llegué a la puerta y me detuve junto a la puerta. El visitante proyectaba su sombra sobre la puerta de cristal y herreria. La abuela se acercaba y yo tuve que dejar de hacerme preguntas para permitir a mi instinto actuar. Abrí el frasco de sal e hice una linea con sal debajo del marco de la puerta.
La abuela llego junto a mi y me vio achinando los ojos, dibujo una sonrisa ya muy marcada por la edad y me dijo, "no seas tonto ¿porqué haces eso?". Retiró la sal con un pie y abrió la puerta, detrás había un viejo, cabello blanco, bolsas bajo los ojos, pero erguido y alto, la edad no parecía haber doblegado en lo minimo su postura, saludo y su voz sonó potente, mi abuela lo invitó a pasar, yo había estado retrocediendo, no quería dejar a la abuela sola, pero algo me gritaba que este tipo tenía algo malo dentro.
Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la cocina, la abuela me pidió un vaso de agua para el visitante. Apenas pasé el umbral de la sala corrí hacía mi habitación, busqué en mi maleta y encontré la pulsera de cuero con cuatro piedras de amatista pulida que había llevado. Aún tenía el frasco con sal conmigo. Escuché que la abuela pedía [ gritando ] el vaso de agua a Sandra. Escuché que mi mamá le apuraba.
Regresé hacía la sala, pero me quedé agazapado junto a la puerta, trataba de escuchar lo que el visitante y mi abuela platicaban. La conversación iba muy calmada, parecian antiguos conocidos, mientras tanto yo hacía de nuevo mi línea de sal, pero ahora en la puerta que comunicaba la sala con el pasillo del resto de la casa.
Sandra se acercaba con un vaso con agua, vio la sal en el piso y me miró con incertidumbre, le di el frasco y le dije que hiciera lo mismo con los marcos de las ventanas y la puerta del patio. Dudo por unos segundos pero después empezó a caminar decidida hacía las habitaciones. En la sala empezaron a alzar la voz, algo acerca de antiguas deudas y tiempos de cobro. Mi abuela, siempre calmada y amable al extremo se escuchaba agraviada y le ordenaba al visitante se fuera.
Cuando atravesé el umbral el anciano parecía mas grande que cuando lo había visto en la puerta, los cabellos blancos se le veian bastante desacomodados, caminaba hacia mi abuela y ella solo atinaba retroceder a un rincón, me miró con ojos de desesperación,
- Hijo vete! - dijo mi abuela, más como suplica que como orden, jamás la había visto tan asustada
- No - dije levantando la voz, y un poco sorprendido de que no haberme quebrado, doy unos cuantos paso tratando de rodearlo.
El visitante volteó y empezó a caminar hacia mi, mientras decía palabras en un idioma extraño, casí gutural. Sus ojos se han vuelto completamente negros y están demasiado abiertos, alrededor se dibujan unas pequeñas venas rojas. Levanta una mano hacia mi, la piel es demasiado blanca y también tiene esas pequeñas venas demasiado rojas, es demasiado alto.
La abuela ha entrado en el pasillo después de que Sandra le ha hecho señas, el visitante se ha acercado ya demasiado a mi, no quiero que me arrincone. Sin dar señas empiezo a correr hacía el pasillo, hacía dentro de la casa. Tengo cuidado de no pisar ni mover la linea de sal, el extraño viene tras de mi, pero se detiene al llegar al umbral de la puerta, da un golpe en el aire que se detiene en seco. Lanza unos gritos que parecen maldiciones, sus ojos se van encorvando, y esas pequeñas venas rojas son cada vez mas visibles. Volteo a ver a Sandra y le preguntó si ha puesto la sal en todas las entradas. Me muestra el frasco vacío y me dice que le faltó la puerta de atrás. El visitante sigue golpeando el aire, pareciera que en cualquier momento fuera a atravesar el umbral.
Le pregunto con desesperacion a mi abuela ( que ahora me parece más empequeñecida que nunca ) si hay más sal, ella no atina a responderme, mi madre aparece desde el comedor y dice que no hay más. Trato de pensar, los gritos del visitante no me dejan pensar con claridad. Pienso en algunas leyendas que he leido, veo hacía todas partes en la casa, voy hacia la cocina.
El visitante ya no está en la sala, puedo sentir como se desplaza por el pasillo lateral de la casa, siento sus pasos, siento en mi estómago una sensación de frio.
Cuando se aparece en la puerta trasera lo primero que puede ver soy yo. Me pregunto por un instante si en realidad me ve, al menos el concepto que tenemos de ver. Sus ojos son tan negros. Empieza a caminar, atraviesa el umbral con un pie y sonríe, seguramente esperaba que ya hubieramos bloqueado esa puerta también. Continua caminando hasta que queda en medio de un circulo formado por mi madre, mi sobrina, mi abuela y yo. Hacen un círculo con los petalos de rosas alrededor del visitante, inicialmente quedo dentro del circulo y estira una de sus manos, esta vez a una velocidad inhumana, me toma de la camisa y me rasga un poco de piel, arde como el infierno. Grito y le golpeo el brazo con que me sujeta. El visitante me suelta y grita, en mi mano tengo la pulsera con las amatistas. La abuela comienza a rezar libremente, tal como lo hacen la mayoría de los protestantes, mi madre reza un padre nuestro y Sandra limita sus suplicas a meros pensamientos. Hubiera querido tener un poco más de sal, combinandola con agua podría tener un poco de "agua bendita", quizá algún amuleto, pero solo tengo las amatistas y un poco de valor que espero que, por una vez en la vida, me dure lo suficiente...
( Les aclaro que es una Pesadilla, nada de drogas aún )
Yo veia con nostalgia un par de magnetos del frigorífico, recordando cuando había toda una colección de personajes de Disney pegados. Mi sobrina pregunto si faltaba mucho para que estuviera listo el arroz con leche, habiamos estado todo el día andando por el centro de la ciudad y estabamos famélicos, cenar era urgente. La abuela se había sentado junto con mi sobrina a pelar frijol tierno fuera de sus vainas. Las rosas que estan en la mesa tienen un olor fuerte, por alguna razón me hacen pensar en fresas. Lo curioso de esas rosas es que han estado creciendo por si mismas, al fondo del patio de la casa, mi abuela jura que nunca las cultivó.
Tuve esa sensación que he tenido muchas veces, de estar viendo algo fuera de lugar, me preguntaba en que momento mi sobrina, Sandra, había crecido tanto, ahora era una chica de 15 años. Igual de fuera de lugar sentía mi edad, pero todo eso dejo de importar en el momento en que tuve esa sensación de mareo mas intensa... de nuevo pensé que sería la luz, pero no... esto era un poco anormal, los cabellos de la nuca y los brazos se me erizarón y todos nos detuvimos de nuestros pensamientos y actividades. Me di cuenta que lo estaba teniendo era un mal presentimiento, quizá...
Sonó la campana de la entrada, siempre me había parecido de lo más extraño, una campana en vez de timbre. La abuela se dispuso a levantarse, pero mi madre le puso una mano en el hombro y me pidio a mi que fuera a ver quien era. No me levanté y no era un acto de rebeldia ni nada parecido, me sentía atado a la silla, mis ojos revelaban miedo. La abuela dijo "dejalo, están cansados, yo voy a abrir".
Se levantó y recorrió el comedor, pero se detuvo en el pasillo de las habitaciones, se inclino al tiempo que gritaba "Van!", había encontrado la aguja de tejer que había perdido por la mañana. Fue en estos segundos que reaccioné, había algo mal con el visitante en puerta, la sensación era clara y francamente me inquietaba que mi madre y mi abuela no lo sintieran. Tomé el frasco de sal y corrí hacía la entrada, pasé junto a la abuela que recien entraba en la sala. "Niño!" le escuche decir al pasar junto a ella, llegué a la puerta y me detuve junto a la puerta. El visitante proyectaba su sombra sobre la puerta de cristal y herreria. La abuela se acercaba y yo tuve que dejar de hacerme preguntas para permitir a mi instinto actuar. Abrí el frasco de sal e hice una linea con sal debajo del marco de la puerta.
La abuela llego junto a mi y me vio achinando los ojos, dibujo una sonrisa ya muy marcada por la edad y me dijo, "no seas tonto ¿porqué haces eso?". Retiró la sal con un pie y abrió la puerta, detrás había un viejo, cabello blanco, bolsas bajo los ojos, pero erguido y alto, la edad no parecía haber doblegado en lo minimo su postura, saludo y su voz sonó potente, mi abuela lo invitó a pasar, yo había estado retrocediendo, no quería dejar a la abuela sola, pero algo me gritaba que este tipo tenía algo malo dentro.
Me di la vuelta y empecé a caminar hacia la cocina, la abuela me pidió un vaso de agua para el visitante. Apenas pasé el umbral de la sala corrí hacía mi habitación, busqué en mi maleta y encontré la pulsera de cuero con cuatro piedras de amatista pulida que había llevado. Aún tenía el frasco con sal conmigo. Escuché que la abuela pedía [ gritando ] el vaso de agua a Sandra. Escuché que mi mamá le apuraba.
Regresé hacía la sala, pero me quedé agazapado junto a la puerta, trataba de escuchar lo que el visitante y mi abuela platicaban. La conversación iba muy calmada, parecian antiguos conocidos, mientras tanto yo hacía de nuevo mi línea de sal, pero ahora en la puerta que comunicaba la sala con el pasillo del resto de la casa.
Sandra se acercaba con un vaso con agua, vio la sal en el piso y me miró con incertidumbre, le di el frasco y le dije que hiciera lo mismo con los marcos de las ventanas y la puerta del patio. Dudo por unos segundos pero después empezó a caminar decidida hacía las habitaciones. En la sala empezaron a alzar la voz, algo acerca de antiguas deudas y tiempos de cobro. Mi abuela, siempre calmada y amable al extremo se escuchaba agraviada y le ordenaba al visitante se fuera.
Cuando atravesé el umbral el anciano parecía mas grande que cuando lo había visto en la puerta, los cabellos blancos se le veian bastante desacomodados, caminaba hacia mi abuela y ella solo atinaba retroceder a un rincón, me miró con ojos de desesperación,
- Hijo vete! - dijo mi abuela, más como suplica que como orden, jamás la había visto tan asustada
- No - dije levantando la voz, y un poco sorprendido de que no haberme quebrado, doy unos cuantos paso tratando de rodearlo.
El visitante volteó y empezó a caminar hacia mi, mientras decía palabras en un idioma extraño, casí gutural. Sus ojos se han vuelto completamente negros y están demasiado abiertos, alrededor se dibujan unas pequeñas venas rojas. Levanta una mano hacia mi, la piel es demasiado blanca y también tiene esas pequeñas venas demasiado rojas, es demasiado alto.
La abuela ha entrado en el pasillo después de que Sandra le ha hecho señas, el visitante se ha acercado ya demasiado a mi, no quiero que me arrincone. Sin dar señas empiezo a correr hacía el pasillo, hacía dentro de la casa. Tengo cuidado de no pisar ni mover la linea de sal, el extraño viene tras de mi, pero se detiene al llegar al umbral de la puerta, da un golpe en el aire que se detiene en seco. Lanza unos gritos que parecen maldiciones, sus ojos se van encorvando, y esas pequeñas venas rojas son cada vez mas visibles. Volteo a ver a Sandra y le preguntó si ha puesto la sal en todas las entradas. Me muestra el frasco vacío y me dice que le faltó la puerta de atrás. El visitante sigue golpeando el aire, pareciera que en cualquier momento fuera a atravesar el umbral.
Le pregunto con desesperacion a mi abuela ( que ahora me parece más empequeñecida que nunca ) si hay más sal, ella no atina a responderme, mi madre aparece desde el comedor y dice que no hay más. Trato de pensar, los gritos del visitante no me dejan pensar con claridad. Pienso en algunas leyendas que he leido, veo hacía todas partes en la casa, voy hacia la cocina.
El visitante ya no está en la sala, puedo sentir como se desplaza por el pasillo lateral de la casa, siento sus pasos, siento en mi estómago una sensación de frio.
Cuando se aparece en la puerta trasera lo primero que puede ver soy yo. Me pregunto por un instante si en realidad me ve, al menos el concepto que tenemos de ver. Sus ojos son tan negros. Empieza a caminar, atraviesa el umbral con un pie y sonríe, seguramente esperaba que ya hubieramos bloqueado esa puerta también. Continua caminando hasta que queda en medio de un circulo formado por mi madre, mi sobrina, mi abuela y yo. Hacen un círculo con los petalos de rosas alrededor del visitante, inicialmente quedo dentro del circulo y estira una de sus manos, esta vez a una velocidad inhumana, me toma de la camisa y me rasga un poco de piel, arde como el infierno. Grito y le golpeo el brazo con que me sujeta. El visitante me suelta y grita, en mi mano tengo la pulsera con las amatistas. La abuela comienza a rezar libremente, tal como lo hacen la mayoría de los protestantes, mi madre reza un padre nuestro y Sandra limita sus suplicas a meros pensamientos. Hubiera querido tener un poco más de sal, combinandola con agua podría tener un poco de "agua bendita", quizá algún amuleto, pero solo tengo las amatistas y un poco de valor que espero que, por una vez en la vida, me dure lo suficiente...
( Les aclaro que es una Pesadilla, nada de drogas aún )
5 comentarios:
las drogas definitivamente son mas light.
se ve que si quieres mucho a tu abuela osea, creo
DUDO que ese sea el significado
yo tambien de hecho mas bien era como sarcasmo, una mesa redonda para ver que creemos va?
Alguna vez has soñado que algo te elevaba de la cama? He tnido una pesadilla un tanto extraña, en mi "sueño" algo controlaba mi cuerpo y movia mis brazos como si ese algo intentara elevarme de mi cama,sabia que no era normal que algo asi suceda, sin embargo no podia despertar porque yo creia estar despierta. Y no, no podia gritar ni moverme.
Piensa que tú decides cuánta sal quieres tener para enfrentar todo aquello que te limite, te intimide ó atente vs tus seres queridos. Existen piedras y cerros de repente. Cuando te decidas no dudarás, y no será Sandra con su jovialidad y ojos recién abiertos a la vida, la sabiduría y guisos de la Abuela ni el cariño de tu Mami, TÚ te asegurarás de la sal haya alcanzado hasta para la puerta trasera. Tienes decisión, lo vas a conseguir. Desconozco en qué se materialice, empero estoy convencida que así será. Recibe una caracola con mucho cariño :)
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