5 may 2005

Ponganle floaties

Eran las seis y media de la tarde y empezaba a oscurecer, yo estaba en lo mío cuando de repente escucho que alguien hace gala de su dominio del lenguaje: "No mames wey, ta cabronsisima la lluvia"

¿Lluvia?

Pues si, la temporada de patos... er... de lluvia comenzó oficialmente ayer. La oficina estaba goteando por todos lados, y me la pase poniendo cubetas y demás objetos que pudieran contener el flujo del agua.

Al salir le di un aventón a uno de los muchachos que trabajan conmigo. Recordé que no tenía gasolina y decidí ir a cargar. Error. 15 minutos de mi vida desperdiciada. Después camino a su casa hablando de... no recuerdo que sinceramente.

Al dejarlo en su casa por fin empezó la diversión. Doy vuelta en una calle y el camino está cerrado. Tomo otra calle que me aleja más de mi casa y... el camino está cerrado. Me desvío un poco más tomando otra calle y... el camino está cerrado. Terminé dando una enorme vuelta para finalmente llegar a casa. Justo cuando estoy dando vuelta en mi calle me arrepiento de no saber nadar. Aparentemente nuestra calle es una simulación de Venecia. Me estacionó y empiezan a contarme que entró agua en toda la casa, que el patio es ahora piscina y que gracias a mi pacto con el diablo, mi cuarto no tiene ni una salpicadura.

A nosotros nos fue bien, a algunos vecinos se les mojó hasta lo que tenían sobre la mesa, de lo muuuucho que subió el agua. Por eso le decía a mi sobrina que era mejor un pez que un perro.

1 comentario:

Silencio dijo...

Por eso uno debe vivir en las nubes...

Espero nunca se moje mucho, ouch.