Sábado por la noche, como siempre manejando por el boulevard, escuchando música electrónica y tomando un desarmador en vaso desechable. GRANDE.
Iba pensando que ya llevó un mes y medio limpio y que ya era justo que jalara un poco. Digo, pues no solo de alcohol vive el hombre. En esas iba cuando de repente vi en uno de los estacionamientos al hermanito de Javier, el niño skater de 17 años. Su nombre es Axel. Estaba junto a un grupo de chiquillos y chiquillas de su edad, pero el estaba un poco aparte y con cara de aburrido. Apenas alcance a tocar el claxon cuando pasé junto a él. Diez minutos después pasaba de nuevo por ahí pero ahora en el carril contrario. Pasé más despacio que la primera vez y alcance a ver que me hacía señales con la mano (¡Dios si me quiere afterall!). En la primera vuelta regresé a donde él estaba, disminuí la velocidad conforme me acercaba, le bajé el volumen al auto estéreo y le dedique la mejor sonrisa.
- Que onda, Ariel ¿Qué haciendo? -
- Aquí nada mas dando una vuelta chamaco ¿y tu qué? - Aunque en realidad mi pensamiento fue: “Aquí viendo si levanto a alguien como tú”
- Pues… la neta ya me quiero ir a mi casa wey, como que hoy no ha habido buena vibra con mis amigos.
- Ahhh ¿Y eso?
- No se, ni idea la verdad.
- Aja, te llevo entonces.
- Orale.
Se despidió de sus amigos a medias, y se subió de inmediato al auto. Se puso a buscar en mi estuche de discos a ver que tenía, aunque yo creo que su intención era buscar algo más de su gusto.
Yo me sentía sinceramente nervioso. El chamaco me encanta y no tenía ni idea de que platicar con él, a lo mucho tenía la idea de él como un chavito desobligado, amante de los juegos de video, de las mujeres guapas, de la música, de las patinetas y de las playeras negras. Ah claro, y atractivo.
Dimos un par de vueltas, platicamos de fantasmas y películas “de miedo” mientras el jugaba con mi celular, y en cierto momento empecé a hacer lo que dije que iba a hacer, llevarlo a casa. Aunque llevarlo a un motel era un pensamiento más fuerte en ese momento
En el camino hablábamos de que a ambos nos gusta el anime y los videojuegos, el se interesó por algunas películas que yo tenía. Por supuesto le dije que cuando quiera se las daba. Las películas.
Finalmente llegamos a su casa y no quedamos en nada concreto. Supuse que en eso quedaría pues a Javier no le agradaba la idea de que yo me acercara a su hermano. Además para que me hacía ideas.
Cuando estaba en un semáforo ya muy cerca de mi casa recibí el siguiente mensaje de un número no registrado.
“Ya tngo tu cel, ste s el mío, a ver que día nos vemos y me las prestas. Sals Ariel.”
Claro que se las presto.
5 comentarios:
¬¬...17 años... me parece que son de 3 a 6 años de cárcel
Es ficcion contras...
Además el que inspiró esta historia parece de 16 pero tiene 20. juar juar.
¡Latoso no! Minimo 11 años... jajaja
Andale, solo hay que esperar unos ocho meses mientras tanto preparalo:
-Noches de juegos, ni modo invita al hermano
-Roce de pierna
-Un boton desabrochado, manga larga y arremangada
-Juegos con tipos musculosos
-Unas chelas y choquecitos en el camino a algún lado del cuarto
En cuanto tenga 18 ¡¡¡¡a la cama!!!
¡¡¡Es buen consejo... nada que no sepa jaja... pero es ficcion!!!
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