Había quedado de verme con él a las 10:30 p.m. en su casa, como siempre calculando que el trabajo me haría quedarme hasta tarde, considerando que me tocarían todos los semáforos en rojo, que la gasolinera estaría llena, etc. Sin embargo a las 9:02 ya estábamos todos listos para irnos y ningún cliente retrasado a la vista, todos los semáforos me tocaron en verde y la gasolinera hubiera estado completamente vacía de no ser por los empleados. Cuando uno no quiere llegar a una cita pareciera que todo se pone en tu contra. O a favor de lo que no quieres que suceda.
Eran las 9:30 y no sabía que hacer, así que se me ocurrió tomar la ruta con paisaje. Cuando me di cuenta estaba realmente cerca de casa de Javier, se me hizo fácil desviarme un poco para ir de compras. Me detuve enfrente de su casa y me baje rápidamente, estaba consciente de que me quedaba aún suficiente tiempo pero nunca me ha gustado ser impuntual. Toqué el timbre y el hermano menor de Javier abrió la puerta, un niño con tipo de skater, tiene un cuerpecillo adorable, como siempre me recibió con una sonrisa y me dijo: “aguanta Ariel, deja le aviso a este puto”.
Javier me hizo pasar a su cuarto pero le dije que iba con prisa.
-Javier, necesito una, ya sabes, la de la semana.
-¿No que ya lo estabas dejando cabrón? Puro cuento contigo, pero está bien, estas regresando al buen camino, mi hermano, mejor llévate dos, ya ves que luego tardes semanas sin venir, no debes olvidarla tanto.
- Cállate pendejo, solo quiero una.
-Mta, mira que mariquita me estas saliendo, pinche wey.
-Como chingas cabrón, dame dos y deja de chingar, pinchi puto Javier.
Salí del cuarto de Javier y cuando iba a bajar las escaleras volteé a ver hacía el cuarto del hermanito. Solo alcance a ver un poster de Lara Croft.
Un par de minutos después ya estaba de nuevo en el coche. Aún eran las 10:00 y no tenía mucho que hacer, pasé a comprar un desarmador grande que no duro más de diez minutos, me detuve un momento y saque el espejo que siempre llevo en la guantera, vacié el contenido de uno de los sobrecitos y lo corté en tres líneas. Jalé una y de repente me di cuenta que me iba a costar un huevo poner el resto de nuevo en el papel. A final de cuentas llegue diez minutos tarde, Horacio, con quien quede de verme parecía impaciente.
Horacio no me agrada en realidad, me parece un tipo nefasto y si no fuera porque tiene un cuerpo y una cara como me gustan, la experiencia sería vomitiva.
Hicimos lo que íbamos a hacer y yo me sentía una combinación de sucio y asqueado, antes de terminar, salí de su cama, de su cuarto y de su casa sin siquiera despedirme. Cuando me di cuenta estaba de nuevo comprando un desarmador grande. Había algo que me estaba desesperando, durante todo el rato no dejaba de pensar en como sería hacer lo mismo con Roberto. No, no lo mismo, mejor.
20 minutos después estaba el mismo mesero junto a mi ventana preguntando que iba a llevar. Por supuesto era lo mismo, siempre es lo mismo lo que quiero. Al terminarme ese y otro más decidí que debía aumentar la dosis, solo para bajarme la peda que me estaba dando. Sentía mis ojos acuosos y no era ni por el alcohol, ni por la coca, era el maldito Roberto. No dejaba de pensar en él y realmente le estaba pisando al acelerador.
A pesar de que era lunes había unas cuantas patrullas por el boulevard. Satania de Mago de Oz sonaba en el atos, y cada vez que veía un auto enfrente de mí hacía todo lo posible por rebasarlo, quería convertir mis ganas de llorar en enojo.
Llego a casa a las cuatro de la mañana, mi madre seguramente me vio entrar en mal estado, y para mañana me daré cuenta que el auto se ha quedado sin gas. Por lo menos no he vomitado. Esperen… creo que tengo que ir a…
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