Cursaba mi cuarto semestre y era el primer horrible día de clases, me dirigía a mi salón que estaba en el segundo piso y como siempre en el primer día todos los maestros llegan tarde, o simplemente no llegan, por lo que puedes ver a todos fuera de su salón o asomándose por los barandales del segundo piso. Muchas caras nuevas, raro pues no era tercer semestre, pero aún así veía muchos novatitos frescos, y lo que sucedía es que nunca había estado en esa área durante la mañana desde hacía seis meses, en que me autoexilie con un grupo que a su vez había sido en realidad exiliado del área de mi entonces carrera.
Me llamo en especial la atención un grupito de cuatro personas. Un par de caras bonitas. Una de esas caras bonitas era la tuya, “gente fresa” fue la primera idea que vino a mi mente.sin embargo era la primera vez que te veía y te ganaste cinco segundos de mi atención. Ese día sin saberlo y sin conocerme (coño, sin saber que yo existía en el mismo universo que tú) me diste a probar eso que hasta el día de hoy me causa tanta alegría. Sonreíste. Todo el cuarto semestre me fije en ese grupito de segundo semestre, ¿coño pero que chingado les veo?.
El cuarto semestre terminó sin novedad, y simplemente aún no existía en tu universo, yo era un espectador que se asomaba a tu vida y tú ni te diste en cuenta de que había un pìnche mirón pervertido viéndote pasar.
Otros semestres pasaron y todo seguía x, yo ni existía para ti y yo siempre que podía, te veía sonreir.
Nuestro primer encuentro no se dio hasta mi séptimo semestre, por un amigo y sin planearse, tú me hiciste un par de preguntas técnicas a lo cual yo conteste como siempre. “choree” (del verbo chorear, asshole). Coño, no solo tenías una hermosa sonrisa, tenías una plática agradable y amena, eras amable y tu personalidad me parecía encantadora, y carajo, ni siquiera estaba borracho ese día, no era culpa del alcohol. De verdad me caías bien. Ahí quedo todo. Aparte de unos ocasionales “heys” cuando cruzábamos miradas en la escuela, no hubo contacto hasta tiempo después.
Por fin un día me tocó tenerte en mi salón, ibas a tomar una clase conmigo y yo era la única persona que conocías. Llegabas y te sentabas a mi lado. Ocasionalmente nuestros brazos descansando sobre la misma paleta se tocaban. Ocasionalmente terminaba demasiado pegado a ti. Me gustaba tenerte así, junto de mi, y que el roce de tu piel me erizara. Un día entre comentarios saqué el tema de la novia, esperaba un “no, no me gustan los compromisos” o alguna mamada así, pero si tenías.
Al poco tiempo empecé a visitar tu casa, eras más amable que de costumbre y eso me gustaba. A veces me decías que te explicara algo que no entendías, tu explicabas cual era tu duda por alrededor de diez minutos y yo me quedaba viendo tus labios moverse, tus ojos abrirse de más para enfatizar, pero al terminar de hablar yo no había escuchado nada, y recurría a decir que si lo podías repetir porque no había puesto atención. ¿No había puesto atención? ¿Pues que chingado estaba haciendo entonces viéndote tan fijamente?
Los días hijueputas como siempre no se detuvieron y ese semestre madres valió. Puta vida, siempre se lleva lo que le disfrutas. Es una ramera. La ramera de cierto padrote.
Llegó uno más, y tomábamos más clases juntos, estábamos en la escuela siempre juntos. Nada más no íbamos juntos a wixar porque yo me sentía incomodo. Siempre en el mismo equipo, teníamos que hacer tarea y más de una ocasión nos desvelamos en eso. Uno de esos te chingaste un six tu solo y se te subió un chingo. Había ocasiones que nos quedábamos viendo, sonriendo, sin decir nada. No se que te pasaba por la cabeza, pero yo solo pensaba “contrólate contrólate contrólate contrólate”. Al final me fui a mi casa y mi imaginación cumplió llenando los espacios en silencio, la maravillosa autosatisfacción. Pero solo era imaginación.
También ese se acabo, el semestre.
Uno más llegó y con él, un rompimiento, no de nuestra amistad, de tu relación amorosa. Tu estabas que te llevaba la chingada pero como machito te aguantabas, los tenías bien colocados, a pesar de eso una noche estando bastante madreado por el alcohol, sentados dentro de tu coche, platicábamos de cómo terminó el asunto. Te pusiste triste, yo puse mi mano en la tuya y la estreche, te dije que eras mi amigo y te quería, que no me gustaba que llorarás, pero que yo iba a estar ahí contigo. Te abracé y en un acto de jotería bese tu mejilla. Me separé un poco de ti y tu no dijiste nada, te me quedaste viendo, muy pensativo y yo pensé “puta madre ya se asusto, ahora me va sacar del coche diciéndome que no sea puto”. Pero no, me devolviste el beso, muy cerca de los labios, y te quedaste ahí, yo dudé pero al final lo hice, atrape tu labio inferior entre los míos y empecé a besarte. Al principio solo recibiste el beso, pero después pusiste tu mano en mi cuello y empezaste a corresponder. No pasó mucho más. Unos cuantos besos bien dados, cariñosos de verdad, llenos de lo que sentíamos mutuamente, aunque solo fuera una profunda amistad. Pero con mucho cariño, jaja.
Al día siguiente preferí no llamar, supuse que estabas confundido, pero yo no dejaba de pensar en estar contigo, en que quería que se repitiera, mi sueño húmedo favorito se estaba volviendo realidad. Otro día y no te pude ver ni hablar, estuve hasta la madre de ocupaciones, pero de repente recibo tu llamada, estas contento, me dices que ya todo va a estar bien, que por fin todo esta bien, que las cosas pasan por algo, que regresas con tu novia. Me despido tan coherentemente como puedo. En los días siguientes me restriegas a tu novia. Te odio por toda la semana, después me doy cuenta que para ti no paso nada, a lo mejor ni lo recuerdas. Pinche faggot de peda.
2 comentarios:
wow! las cosas q me entero en tu blog u_U
Debo aclarar mi oscura succubi, que eso no paso. Por lo menos no así, al principio del post dice 100% fiction. Y pues lo que si haya pasado o no, ya es motivo de contarlo en persona y no por estos medios.
Lo que escribo es una adaptación de la realidad, que supera por mucho a la ficción.
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